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Soluciones de ‘buena’ gobernanza

Lletra/letra:
© El Económico · Última Hora divendres, 28 juny 2019
Antoni Riera (IMPULSA BALEARS)  

 

 

La gobernanza: esa palabra que es la suma de gobierno y confianza y que apela siempre a una labor tan compleja y política como necesaria para que una sociedad aproveche oportunidades, minimice riesgos y, en definitiva, prospere.

 

Compleja, porque los problemas que requieren de soluciones de gobernanza se caracterizan por estar compuestos de diversos elementos interrelacionados, lo que explica que la gobernanza adquiera, a menudo, la característica intrincada y de difícil compresión de los problemas que anhela solucionar. De ahí que se afirme que la gobernanza es, por naturaleza, un proceso complejo. Sin embargo, no deberíamos obviar que un problema complejo normalmente no es complicado, pues puede ser estudiado y, una vez entendido, generalmente no resulta ni tan difícil de comprender ni tan difícil de gobernar.

 

No obstante, a menudo, las instituciones, tanto si se trata de instituciones formales (administraciones), informales (educativas, culturales…) o civiles (patronales, sindicatos…) ignoran este hecho y, a menudo, simplifican la complejidad de los problemas con respuestas sencillas, en lugar de estudiar con profundidad sus causas y consecuencias. ¡Que suben los alquileres! Pues sencillo, control del incremento de los alquileres. ¡Que las viviendas son caras! Pues, deducciones fiscales para facilitar el acceso a la vivienda.

 

Y aunque pocas veces existe conocimiento contrastado al respecto, si existe investigación económica que demuestra que las deducciones a la vivienda aumentan el precio, reducen la tasa de propietarios y fomentan el endeudamiento de las familias, la ‘mala’ gobernanza, en lugar de aceptar que las respuestas simplistas son erróneas, se encarga de complementar esta evidencia con una visión ideológica, bajo el argumento de que la gobernanza es política.

 

Y es cierto, aunque se suele presentar la gobernanza como una solución técnica a un conjunto de problemas complejos, en verdad es siempre una cuestión de índole política. Pero que sea política no equivale a que tenga que tener una clara significación partidista o ideológica, sino que aprovecha el conocimiento tácito o explícito de todos los grupos de interés (no su opinión subjetiva) para alcanzar un entendimiento mutuo.

 

En este quehacer, dejando de lado ‘la anarquía del mercado’ o ‘la jerarquía del mando y control’, ‘la solidaridad’, basada en la confianza, la lealtad y la reciprocidad del sacrificio, suele ser la fórmula de gobernanza que mejores resultados brinda a pequeñas comunidades, ya sean barrios, municipios, mancomunidades o islas a la hora responder no solo a los problemas de vivienda sino a muchos otros que les acucian.

 

Y es que ya lo advertía Camus en La peste: “El mal que hay en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y las buenas intenciones pueden hacer tanto daño como las malas si falta conocimiento”. De ahí que la ‘buena’ gobernanza sea tan compleja y política como necesaria.

 

 

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